No creo que esa simple pregunta, "¿Cuánto cielo cabe por esta ventana?", afectara lo que la relación se convertiría en unos meses, bueno semanas, días. Todo ese cielo, ese mar de nubes, inundaba la ventana hasta desbordar por las macetas que colgaban de ella.
- Era viernes, como cada semana después del jueves y antes del sábado, siempre tan predecible. Tan viernes. Caminando por aquí y por allá, olvidando acentos y rompiendo paréntesis -por lo tanto desahogando viñetas-, las palabras salían de su boca, yo la escuchaba atentamente mientras decía una tras otra, casi sin sentido. Caminaban una a un lado de la otra, por esos caminos paralelos. Nunca se encontraron, pues sus caminos nunca chocaron, ni chocarían. Sintiendo y siendo, sentía y era ella. El cielo se nublaba y los vientos chocaban, nadie de la multitud de gente que contemplaba ese extraño evento, podía creer lo que sucedía, el cielo se estaba cayendo. Nadie se preocupo por sostenerlo, nadie lo sostuvo.
- Es sábado. No como suele ser, tan monótono, suficientemente monótono como morir. Pero no hoy, hoy las nubes bajan y el cielo sube. Incluso los caminos paralelos comienzan a torcerse, a hundirse y girarse. Un día -sábado- dura más que toda esa semana, el café en mi mesa, sabe mejor al pensar en todo ese poco tiempo que ha estado solitario en la mesa, un día. Después de una semana todo termina rápido. Sábado, tranquilo sábado, con las nubes en el suelo no hay mucho que hacer, quizá limpiar un poco no estaría mal, pero seguro el agua que sueltan basta y sobra para limpiarnos de culpas. Todos esos sentimientos de culpa, pegajosos como tu sudor y seguidores obsesivos como un vaivén, van y vienen atrapando todos nuestros -pocos y pequeños- demonios y por fin limpiarlos.
- Será domingo cuando el cielo termine de entrar por esta ventana. Siglos, lustros, años, meses ¡e incluso días! esperaré para que por fin ese cielo entre por tu ventana. No soles ni ruiseñores cantando sobre fuentes bautizmales, no. Estarán las nubes cobijando tus sueños por la noche y cubriendo los tiempos que duermas. Los caminos se cruzarán y dormirás que viene el cielo detrás tuyo. Querré lloverte a ti y besar tus recuerdos, pues será un domingo cualquiera.
De ella colgaron macetas de las que desbordaban desde la ventana inundada, todo ese pequeño mar de nubes, ese cielo. Días, semanas quizás, unos cuantos meses se convirtieron en una relación afectada. "Por esta ventana ¿Cuánto cielo cabe?" la pregunta simple fue esa que no creí.
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