Increiblemente curioso eso de que después de un largo, extenuante y sufrido -quizás no tanto- día de trabajo, papeleos, invenciones, cálculos (renales y otros varios), somnolencia y sin antes empezar con un desayuno balanceado de alguna especie de líquido verdoso -que por alguna extraña razón sabe muy bien-, me encuentre frente a espalda de unos de esos cabellos que parecen serme muy conocidos, salvo que a una altura un poco más diferente, más cercana al techo del autobús.
Curioso que después de haberla visto hace no más de algunas muchas horas, sólo algunas pero no pocas, ahora tenerla a mi derecha y un asiento al frente, un poco más arriba y totalmente mirando a la ventana frontal -parabrisas les dicen- platicando con noséquiénsea y que al percatarse de mi atenta observancia ahora no puede dejar de vigilarme, de verme, de buscarme incansablemente con su mirada -de terror quizás-, río y se voltea un poco asustada, no sé. Vuelvo a reír. Es idéntica a ella -sí, le diré ella; no quiero usar adjetivos ni otros eufemismos- idéntica como nunca antes había visto en otras rutas y vaya que uso muchas rutas. Pero no tan idéntica pues "esta" que tengo al frente tiene un pequeño y sexy lunar en la parte baja de la mejilla izquierda y como ya he dicho, es un poco más alta.
Ahora se baja y se sube otra; Mujer delgada, cabello largo y linda mirada. Falda larga roja y piel clara. Lentes que encuadran perfectamente su rostro y el nombre de algún ángel: Gabriela. Yo me cambio de fila para huir del insistente Sol. Río, me parece que le gusta perseguirme -ese juego yo lo inventé- ahora ella se sienta donde yo estaba. Dormito mientras estiro los brazos sobre el asiento vació frente a mí y de pronto siento el roce de algo como un fino cabello largo, delgado y sedoso. Despierto un poco sobresaltado mirando como se sienta a quien llaman Gaby, al parecer intentando huir también del Sol y es cuando, por fin, me atrevo a preguntarle por su nombre.
Y maldición de las maldiciones malditas, sus labios me depositaron en la inconsciencia pero su voz, más específicamente el escuchar su edad, me saca de mi trance y maldición: es mayor que yo por al menos un año. Tantos días coincidiendo en el mismo camino para que el día en que me atrevo a preguntarle por su nombre, resulte ser mayor. Cuánta impotencia.
Al parecer le agradé, me despido y despierto. Abro los ojos y ella sigue sentada frente a mí tan igual a ella, no a Gaby sino a la otra, a ella. Si no estuviese platicando con alguien más -ella-, quizás le hablaría... Me avisan que tengo trabajo que hacer, luego continuo.
La historia perfecta. Cuando se trata de amor todo es bello, me encanta la forma en que el personaje ama. Coincidencia o no (quizá te explique esto mas tarde)hace más interesante la historia, buen trabajo Martín. Tequieromucho<3
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