Bien, ahora estando en frente a todo el clerigo, trago mi propia saliba, quizás tambien una que otra agena y camino hasta el trono. Si me permite su alcoholica majestad... ¡Damas y caballeros! Atenciones aquí al frente. Soy el bufón cuenta cuentos de la corte y ahora, ebrio, tengo una historia para contarles, una historia de un sueño de indignaciones, que no tenría temores para mí. El cielo no escribió esta historia, es de un día que les voy a platicar, si miran abajo por la calles, allí la encontraran.
Soñé que llovía, tal vez alguien soñó conmigo o quizás lo mío no sean esas cosas de andar remendando sueños o inventando ciudades. Después de despertar luego de varios estiramientos como si de un gato me tratase, veo que el lugar no es el mismo de siempre; Faltan los mimos, los genios y los elefantes. Los extrañaré, le daban seriedad a este lugar.
Por la noche anterior a esta mañana, llegó a la villa el que sigue al Sol por el día y la Luna le sigue por la noche. Conocido por la miseria y su pobreza, la indignación es una idea recurrente en su vida, Silva construyó los muros, esas falsas barreras que protegían el castillo del Rey y la Reina del Ron. Estaba convencido de construir las verdades, buscaba crecer en iluminación. Incluso los reyes confiaron en él.
Yo mientras tanto, un bufón cuenta cuentos, escuchaba el enorme y euforíco discurso que les daba aquel gitano. Caí dormido y al despertar no había nadie despierto. O al menos nadie despierto en el castillo, nadie de la familia real. Los arboles de wisky dormitaban y los sauces crudos ya no estaban crudos, el sueño les había quitado el interminable dolor de cabeza al que estaban condenados. Bajando la colina, en el corazón de la villa se escuchaba el llanto de la ciudad. Nos habían secuetrado el Sol con todo el odio de la verdad que Silva había pronunciado.
Sé que les predicó desde mitos que según él fueron efimeros, les vendió el amor y la vida por los restos de alguna idiotez. Pero ahora el llanto de sus niños, allá abajo en el pueblo, no se puede escuchar. Ellos han muerto, traicionaron sus ideales por andar caminando a la utopía. Silva predico sus mandamientos, los de él. El supuesto camino a seguir para las almas de alcoholes puros. Nada de tontas enseñanzas, rezó ser benefactor de los pobres y curar los desperfectos del agua.
En la villa me topé al anciano con soñaba con traer a la vida a su mujer que había muerto ya algunos años. En ese momento de mi visita, su sueño se había cumplido, al menos en parte. Él estaba con ella, también había muerto, cometido suicidio, pero dentro de su casa se escuchaban dos voces diciendo "Te quiero", eran ellos, felices. Salí por la puerta trasera y me encontre con el extranjero que había venido en busca de cumplir tambien sus sueños, triste, llorando, mendigando, sufriendo, desconociendo cosas sobre su familia.
Caminé hasta la plaza y los niños lloraban bajo el kiosco y los mayores se mataban en una pequeña guerra. Se atacaban con melancolía. El día se nubló y se hundió en la soledad de las calles. Baje al sistema de drenage, pues se escuchaba un gran fiesta. No eran mas que las trincheras o fuertes. Todos los necios andaban por los tuneles y saltaban los charcos de aguas negras. No había lugar para la moderación, ya era tarde, todos sus valores de paz se había roto.
Me topé con una señora, una vez afuera de esas improvisadas trincheras, ella era asutada por los perros que ladraban desde las enormes arboledas. "No se apure, no se escaparán." Le decía tratando de calmarla, ardía en las llamas de la soledad, no parecía la utopía que como Rey del Ron, usted les había prometido. Silva le había mentido. Usted había aceptado participar en las mentiras de Silva, perdón, el las verdades de Silva. Incluso los fantasmas que acompañaban a la señora estaban asustados, se aterraban de su cobardía. Volaban sufriendo, despertaron a los demás bufones callejeros en la villa. Los payasos dejaron de soñar.
Decidí volver al castillo, a la Crociata della Identità. Los nobles celebraban un año de reflección y supuesto compromiso. Uno que otro se lavaba la conciencia en los numerosos haremes que ahora había en el castillo. Otro hablaban de viajes gloriosos para recuperarse de sus pecados. Se bañaban en vino esperando la vida eterna, una inmortalidad bien vista. Había quienes se lamentaban en el muro que Silva años antes había construido, pedía disculpas a la humanidad.
Ustedes como reyes ya no bebían ron, tragaban la sangre derramada para nada, la sangre que les escupía Silva. Toda esa injusticia, todo ese dolor. Hacían caso omiso de todo el llanto de su gente allá abajo de la colina. No veían las escenas de odio, violencia, depravación. Todos los ideales del Rey y la Reina del Ron aplastados por un sueño tonto de utopía. Ahorita mi memoria quizás sea mi peor enemigo, ojalá la hubiera olvidado en algún lado.
Al contarles todas las fechorias que entre ustedes, reyes, sangre-azulados y Silva, comentieron, cosieron mis parpados con alambres y me cortaron los dedos y me pusieron navajas para que cada cosa que contara fueran trajedias. Habría entonces de escribir en el Sol todas las historias que nunca me ocurrieron, pues ya del cielo al infierno habían enterrado(ustedes y no yo) todos mis sueños, esperando que el remordimiento descanzara. Así fue como la noche llegó en un día que no se le esperaba.