Noche. Libros por los sillones y letras sobre las sillas. Con un cruce de piernas algunos cientos de mujeres se sientan detrás de los monitores que las separan de cientos de buenos tipos y las acercan a muchos alfas. No tengo ni la más mínima idea de en qué clasificación me clasifico, pero heme aquí: detrás de alguno de esos cientos de monitores.
En una semana me retracté -por fin- de un pecadillo que tenía todavía pendiente después de tres... casi tres pues... años. Se sintió bien. La conocí tras un monitor y después tras un pequeño espectacular en la parada del bus, buenos días aquellos. Buenos días hasta que lo arruiné tantito, era pequeño y un tanto pendejo. También detrás de una pantalla me pidieron por primera vez perdón, una primera vez que se repitió cuantas veces fue necesario para yo entender que no debía perdonar más a esa persona. En cambio, a quién pedí disculpas, fue bueno hacerlo.
"Rojo, amarillo, colores brillantes..." Son mis respuestas a una pregunta que poco me interesa, sin embargo, quien la hace me interesa bastante. Tareas y trabajos, ocio y música, aburrimiento crónico y mala postura. Y así: entre preguntas, comentarios y sugerencias me desvelo otro jueves, menos hoy.
Monitores... ¡amor posmoderno!
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