La señora barre la calle como cada mañana. La televisión suena en el cuarto como cada día. Los carros rasgan el viento como cada tarde. Y las estrellas se esconden en el smog como cada noche. Ya se extraña la lluvia y los gatos hurgan entre los matorrales de basura. Los vendedores no hacen falta pero quizás sobran personas con repudio -o no- a comprar. El niño cree en muchos cuentos de hadas sobre cantantes lujuriosos, vaqueros drogadictos y héroes uniformados. Todo diferente y aquí yo no'más río del verbo fluir.
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