domingo, octubre 30, 2011

Crónicas de autobuses, camiones y demás (4).

La vi subirse al camión, un triangulo rojo, bonitas piernas y cabello largo. Me gustó al verla pero no me atrajo ni me llamó más la atención que sólo eso. De pronto extrañe a Gabriela; muchos días sin verla ya comenzaban a sentirse. La última vez me vio y me di cuenta muy tarde.

Ayer pensaba en que no la volvería a ver, casi un mes sin verla ya era mucho. Se me hizo algo tarde y casi por la noche tomé el camión de vuelta a casa. Con los lentes que en esos minutos traía, me pasé de largo los primeros diez asientos de fibra de vidrio verdosa. Me senté pretendiendo leer un poco y escuchar música otro poco, al cabo de unas cuadras se subió una señora robusta y se acomodo como pudo a mi lado y sobre mi asiento, quedando yo pegado a la ventana. Entre la incomodidad de medio asiento y guardando el libro, la vi.

Después de veintitrés días por fin hoy, ya de regreso a casa, esta vez sin falda -pantalón de mezclilla ésta vez- frente a mí. Su suéter verde combinaba perfectamente con mi color favorito y sus lentes seguían enmarcando perfectamente su rostro. Yo a través de unos lentes prestados por un amigo la miré. Hacía frío pues ya era una de esas noches otoñales en desierto, el camión temblaba simulando su final y ella, porque sintió mi mirada o por casualidad, trató de buscarme a su espalda -creo-. Mi timidez me oculto tras mis lentes que hasta se rió al notarme ocultándome. Se miraba en el vidrio como buscando algún reflejo y yo miraba el vidrio esperando encontrarme con ya tan siquiera uno de sus dos ojos perfectamente enmarcados en esos sus lentes. Quizás un suspiro fue eso, quizá sólo un bostezo por su día universitario, algo pensaba, en mí no por supuesto, después de tres semanas no creo. Tres capas de vidrios nos separaban: sus lentes, el vidrioespejo y mis lentes.

El transporte ése llegó a su destino, no su destino de los que están escritos en piedra, su destino de esos a los que la gente llega -o a veces sólo va-. Mi observancía se rehusó a continuar viéndola, porque ella -mi vista- estaba enojada por el bloqueo de aquél marco negro de pasta en los lentes prestados que en ese momento portaba.

Tres semanas sin verla para terminar escondiéndome en un ridículo disfraz de mimo invisible o de dibujo fuera del margen.

jueves, octubre 27, 2011

De reyes y mujeres (1).

"Me alegra ser una persona normal, del promedio, del rebaño." Decía uno de los muchos locos dentro de su pequeño, solitario y muy cómodo cuarto de blancas y luminosas almohadas. Todo pudo haber sido mejor, el plan del doctor era perfecto: El cofre, la mujer, El Rey. Todo encajó justo antes de que nada encajara, pues nadie contaba con la astucia de la señorita muerte.

Era un día normal en la ciudad, cielo despejado -pocas nubes-, gatos y perros por las calles, incluso para muchos vagos ese era un día tranquilo; después de las fiestas decembrinas todo estaba bien. El doctor Alfaro Pastor, o al menos así era el nombre con el que se presentaba, gritaba sobre los sueños de las personas en la plaza de armas, decía que todos los secretos conocidos y por conocer, se encerraban justo al igual que en la Caja de Pandora, pero en esta ocasión, sólo por esta vez, en el cofre que tenía a sus espaldas. "Pandora, mujer creada y condenada por Zeus para introducir los males en la tierra, fue portadora de una caja, donde todos los secretos que pronto conocería la humanidad se encerraban. Ahora, está caja, cofre, conoce su futuro, el mío y el de usted. Venga, acerquese y descubra lo que le depara el universo".

Las personas se acercaban cual palomas en busca de migajas que les revelaran su destino, el pregonero pregonaba y los oyentes oían, más no escuchaban, si no se hubieran dado cuenta de la farsa que aquél hombre les preparaba. Dentro de la caja algo les esperaba, a una mujer le esperaba algo más que a cualquiera y algo más que a una cualquiera. La externa negrura del cofre estaba tapizada de letras cursivas color vino. Ocho cadenas lo envolvían, siete delgadas y una muy gruesa que llegaba hasta el candado que aseguraba la caja. Como si de alguna bestia se tratase, el doctor Pastor advertía de los peligros que ahí resguardaba.

Mientras tanto, el Rey esperaba su momento para hablar. Durante muchos años, El Rey Pérez había gobernado las tierras laguneras y algunas provincias chavecéñas, desde los bosques de uvas -de esos que llaman Parrales- hasta los mares de arena bilbáicos. De algún lugar de donde el dueño de Quixote no quiso acordarse, algún bufón lo destituyó de su cargo como gobernante, se burló de su puesto y de su nombre anticuado -Xuan-. De no cumplir sus propios mandatos y por no mandar cuidar los jardines, el pueblo -bufonero, por cierto- se quejó ante la corte de los trece mandatarios mas viejos. Ninguno más poderoso que El Rey, juntos más poderosos que quién sea lo desterraron del gobierno de sus torres.

La corte corrió al Rey Juan Pérez convirtiendolo en un Don Nadie de madera, a partir de ahí dudo si alguna vez terminaría su burla -del bufón y de los nobles-. ¡Sorpresa! Llenarse de odio no lo curaría, estaba maldito a hablar cuando se le pidiera y sólo tendría conocimiento alguno sobre cualquier cosa cuando alguien se lo demandara. Recostado, sus ojos de madera ardieron en cuanto Pastor abrió el cofre.

De los dedos de Alfaro salían los hilos de alambre de aquél semejante títere, las ropas completamente rasgadas, ¡ah! pero el mono vestía de seda, cabellos de hilos de platina escurrían por su cara y los labios -de su boca- estaban unidos con uno que otro clavo oxidado. Desde el centro de la corona, dos hilos de alambre corrían hasta los dedos malditos del titiritero, los de la espalda llegaban hasta los pulgares y las manos del Rey se conectaban con los pequeños meñiques del doctor.

sábado, octubre 22, 2011

De una carta.

Sam, como ya habré contado al menos un poco -por aquí-, fue un juego de niños. Ella escribía durante un tiempo, algunas veces escribió sobre mí y para mí "Una vez, una tipa escribió sobre mí. Todavía no se me borran sus uñas".


Aún tengo una carta de ella. Hace como un año la volví a leer y me dolió. Todavía sentía su esencia, la ira -o tristeza- con la que ella había escrito esa carta. Aún a principios de este año la leía -a ella, lo que escribía y no a la carta- y leía algunas cosas para mí.

Hace un mes me encontré por coincidencia la carta y al leerla no sentí nada.

Riendo.

La señora barre la calle como cada mañana. La televisión suena en el cuarto como cada día. Los carros rasgan el viento como cada tarde. Y las estrellas se esconden en el smog como cada noche. Ya se extraña la lluvia y los gatos hurgan entre los matorrales de basura. Los vendedores no hacen falta pero quizás sobran personas con repudio -o no- a comprar. El niño cree en muchos cuentos de hadas sobre cantantes lujuriosos, vaqueros drogadictos y héroes uniformados. Todo diferente y aquí yo no'más río del verbo fluir.

jueves, octubre 20, 2011

El viento tiembla.

Había una vez un lugar donde la guerra siempre estaba presente y el sonido aturdía al silencio. Érase una vez con ella.

Quedarte callado, solo escuchando y recordando como la historia se repite cada año. La lluvia golpeaba la ventana y las calles estaban vacías, una de las comunes pero impredecibles lluvias de fin del verano. Sentir como si estuviéramos mirando del lado equivocado del espejo, o algo así. Con todos sus demonios golpeabas las ventanas, lluvia, el techo parece caerse y la estructura de acero oxidado que sostiene los muros truena por el frío que trae el viento. Usaste cada una de las lágrimas que derramaste en mi nombre en mi contra. Usó, también, todos los sueños que nos dejamos olvidados en los tejados ajenos. Pero más que nada, usó la lluvia que ahora golpea esa ventana.

viernes, octubre 07, 2011

Tratado de las buenas perveciones by Martín ft. Buba.

Tratado de las buenas perveciones, escrito en colaboración y en su mayoría por Gera Noriega. Juzguenlo a él.

  1. Siempre ver para adelante, porque ver el pasado es dar 20 pasos atrás.
  2. Quitar la cruz que estorba tu camino.
  3. No más de 3 puñetas mentales al día.
  4. E=mc^2.
  5. Cómo es posible que en todas las religiones me consideren blasfemo. En algunas hereje.
  6. Querer morir crusificado y semidesnudo.
  7. Nací desnudo por lo tanto moriré desnudo, siguiendo los pasos de Juan Pablo.
  8. Creer en algo o en alguien.
  9. Tener una epifanía mensualmente.
  10. Considerar a la menstruación como un estigma.
  11. A las 7pm huele a carne asada.
  12. El amor una droga, sexo sobredosis.
  13. Ser un genio no un sabelotodo.
  14. Para cada problema hay un libro de respuestas.
  15. Respetar a las creencias cuando las creencias respeten mi inteligencia.
  16. Las frutas amigas no comida.

miércoles, octubre 05, 2011

Crónicas de autobuses, camiones y demás (3).

Continuación más chafa.

Iba yo sumergido en mi lectura cuando la vi. Falda larga, azul, blusa blanca, cabello suelto y esos mismos objetos -lentes, les llaman- que enmarcaban perfectamente su rostro. Pasó sin notarme, la noté demasiado tarde para ya por lo menos hablarle. Ayer lo había hecho y fue como descubrí su nombre. Gaby, la chica que siempre se sube en la misma esquina, se sentó frente mío y le hablé.

Hoy -yo- leía sobre rusos, comunistas, nazis, chinos, etc. Supongo que ella leía sobre psicología y esas cosas que le han de interesar a una estudiante de psicología, yo mientras tanto me escondía para no hablarle. Mi timidez me permitía verla en silencio hasta que ella sintió mi mirada sobre sus manos sosteniendo el libro. Volteó y no supo que la miraba mi mirada. Con pena me volví a esconder entre las paginas de un delgado libro.

La miré leyendo, con la boca cerrada y los ojos sumergidos en las letras, que sexy. O no. Algo de todo eso la hizo mas atractiva, al menos para mí. ¿Sería la dificultad que tengo para hablarle? Después de varias semanas, apenas ayer le había dirigido la palabra muy a duras penas, solo porque me despetó de cuando descanzaba los parpados, por cortesía le dije "claro" y por ganas le hablé, eso fue ayer y no hoy. Hoy solo la miraba y veía como cuando ella sentía mi mirada, me buscaba con la vista sin saber que era yo, un desconozido que conocío ayer. No creo que me recordara, y si lo hacía, no creo que yo le interesara lo suficiente.

Así durante un juego de merecordaraono viajamos hasta nuestros respectivos destinos, me baje como siempre antes que ella y no pude evitar verla por el retrovisor del camión. Sorpresa, ella me miraba mientras yo bajaba, casi sonrio. Me miraba con la misma indiferencia con la que se sube al camión todos los días, con la misma indiferencia con la que se pone a leer, pero con una mirada de curiosidad que no le había visto nunca hasta hoy. Creo que no debí de bajarme.

Cuando el camión ese pasó frente mío, ella giro su cabeza casi buscandome, no debí haberme bajado. Chingado'.

martes, octubre 04, 2011

Hasta con lentes soy sexy.

Así es, soy de esos nerds que con usar lentes les basta para verse sexys. No lentes de pasta o de jípster, tampoco obscuros, unos lentes de un marco de lo que yo llamo normal están bien.

Recuerdo cuando escribía mucho, ¡hasta 4 entradas en una semana! Dios, qué es lo que pasa. Incluso esto es basura, no me chinguen. Bueno, vientos que mueven tapetes fue buena. Lo seguiré diciendo hasta su epílogo es diferente, demasiado antiyo. Una frase o dos me bastaban para comenzar una historia, ahora nada. Como lo predije, el día en que me enamore dejo de escribir, ese día al parecer ha llegado. Dije que daría los términos y condiciones de dicho suceso, pero no he tenido tiempo -ni ganas- de hacerlo. Creo que me valdré de cosas sin sentido para poner ya por lo menos un cuento.
De reyes y mujeres.
"Me alegra ser una persona normal, del promedio, del rebaño." Decía uno de los locos dentro de su pequeño y cómodo cuarto de blancas y luminosas almohadas. Todo pudo haber sido mejor, su plan fue perfecto: El cofre, la mujer, El Rey. Todo encajó justo antes de que nada encajara, nadie contaba con la astucia de la señora muerte.

Era un día normal en la ciudad, cielo despejado -pocas nubes-, gatos y perros por las calles, incluso para muchos vagos ese era un día tranquilo, después de las fiestas decembrinas todo estaba bien. El doctor Alfaro, o al menos así era el nombre con el que se presentaba gritaba los sueños de las personas en la plaza de armas, decía que todos los secretos conocidos y por conocer, se encerraban justo al igual que en la Caja de Pandora, esta vez en el cofre que tenía a sus espaldas. "Pandora, mujer creada y condenada por Zeus para introducir los males en la tierra, fue portadora de una caja, donde todos los secretos que pronto conocería la humanidad se encerraban. Ahora, está caja, cofre, conoce su futuro, el mío y el de usted. Venga, acerquese y descubra lo que le depara el universo".
Sí, volví a motivarme, este cuento da para más, así que le haré una entrada como bien se la merece, pero después, aprobecharé esta para hablar de mí -otra vez-:

47.- Me veo sexy con lentes.
48.- Me veo sexy sin lentes.
49.- No me veo sexy todo el tiempo.
50.- Quiero mucho a muchas personas.
51.- Admiro mucho a pocas personas.
52.- Cada vez escribo menos, ¡Dios!
53.- Tengo tarea, mucha (razón principal de no escribir tanto).
54.- Se me acaban las ideas para esta lista.
55.- Cada vez menos gente me lee.
56.- Me gusta escribir Méjico.
57.- Me gusta pronunciar Mécsico.
58.- La anterior es mentira.
59.- La anterior es verdad.
60.- Valgo madres en teoría.
61.- Me truena la nariz.
62.- Achu.
63.- ¿Achu?
64.- Salud.
65.- Gracias
66.- Sí, estoy algo aburrido.
67.- Siganme en tuíter: @Nessanedo
68.- Me siento solo en Google+.
69.- Suelo comprar este número en las rifas.

Si leyeron mi lista, lo siento, fue desepcionante para mí también, pero veamos hasta qué número llego. Gracias.