Pues... Suena una alarma, son las 15 y me despierto cual flor, Daisy (la de Disney) está en la ardiente y seca calle. De esas veces que la alarma no se calla y bajas a la cocina; preguntan cómo estoy, he dormido bien, mentiría si les digo que no me quejo pero "no hay respuesta mala" les digo.
—¡Malditos chicos maltratados!— Grita mi madre, me ofrece café.
—Tranquila, no hagas pedo— Le dice mi hermano.
—¿Qué dices? ¿Tienes algo que decirme? le digo
—Bueno, ayer estaban borrachos...
—¡Tú estuviste peor!
Intento hacer conciencia a pesar de los gritos de mi alterada madre, no entiendo de qué me habla. El reloj ya muestra las 16 y voy a mi cuarto.
Cuando toco la puerta, los recuerdos se resbalan por mi piel: Ella puso sus manos en mis bolsillos, como queriendo llegar a mi intimidad; tarjetas, identificaciones, etc. Por todos lados incluso creo que vi algunos recibos, algunos recibos pero...
—¡Oh mierda! ¡Mi coche!
—Su Ferrari esta ahí— Contesta mi mayordomo —¿No la llevara con usted?— Señala a alguien/algo, una dama, o al menos eso espero.
—Lo has tenido que dejar en el centro— Contesta, abriendo la puerta para entrar en su cuarto muy tranquilamente, mi padre.
Mis ojos, la conciencia y la garganta me arden, con una sensación de pesadez en el cuerpo, tambaleante me acerco a mi cama. Recuerdo un tanto mas:
Un hombre, entonces con la copa en mano, habla frente a mí
—¡Usted ha sido un hombre! Que vengan entonces, ¡Tienes un cruce con Sayra! ¡Ja!
—Tienes estilo ¡Tienes estilo!— Pronuncia con cierta dificultad una, una... una mujer. Una dama.
—¡Tú eres mi hermano con estilo!— Me dice y me abraza aquel hombre de la copa, bonachón y sonriente, vestido de traje y fumando un puro.
Comienzo a ver doble, regreso como si de una bomba se tratara, dando una bocanada de aire y saltando de mi cama.
—Siento lo de anoch...— La pena me invade y no termino la frase —Debía haber terminado al revés... La cabeza en el culo, el culo en la niebla. Lo siento hermanos, mañana ya prometí dejarla. Ayer fue lo ultimo.
—Bueno, tú— Dice la dama, ahora sobre mi cama —Ya son las cinco, en mi casa habrá reunión y yo huelo a ginebra, a vodka y a algo de sake. Además, tienes un ojo morado, sonríe... ¿Estás ocultando algo?
—Pues ha podido ser mucho peor— Le digo casi sin mirarla, esas intimidades no me explico que hacen en mi cuarto, igual las disfruté.
El poli me dijo que mejor habría sido no manejar, hombre de noche, detenido posible, porque el sufrimiento de una madre es grave. Me llaman. Yo no recuerdo nada, les insisto a mis hermanos
-Bueno, fueron graves las copas de anoche- Me dice el mas chico.
—¿Tienes cable? —Una enfermiza y rasposa pero curiosamente muy familiar voz se escucha por el teléfono— ¡Hey, hey! Usted venga abajo, ¡Salga de vivir en las alturas! Es mejor estar colgado...
—Siento lo de anoche, mis hermanos de ayer y yo debimos haber terminado al revés. Mañana ya prometí dejarla. Ayer fue lo ultimo...
Así que aquí estoy, listo para nuevas soluciones, con espíritu de santidad, me ligo al cuerpo; con tonterías en la televisión, "Come plato de sopa de verduras y te" luego mejor dejemoslo simplemente por la paz.
—Es una locura, que podamos hacerlo en este momento— Me dice la dama dentro de mi cabeza o con mi cabeza dentro, no entiendo. Estar enfermos al día siguiente y tumbados en un sofá ¿Cuál es la salida? La guerra es el infierno; nunca más ¡Te lo juro! Nunca como ayer...
Varias veces suena el teléfono y algunas lo dejo sonar, otras lo contesto:
—Hola, hola ¿Qué hacer con tu vaso de agua? ¡Ve a chocar con la bebida! —Volviendo a lo que creo fue el principio —¡Vete a mover las nalgas! Usted ha prometido... debe cumplir sus promesas
—Lo siento por lo de anoche.
—Debierón terminar al revés. ¿Qué crees? Me interrumpen... ¡Tweety celebra su aniversario este día! Muy bien, volviendo a lo nuestro, ahora deje usted de hacerlo.
—Pepepro...—Tartamudeo un poco, por suerte me interrumpe ese hombre.
—Permitame esta ultima.