jueves, octubre 20, 2011

El viento tiembla.

Había una vez un lugar donde la guerra siempre estaba presente y el sonido aturdía al silencio. Érase una vez con ella.

Quedarte callado, solo escuchando y recordando como la historia se repite cada año. La lluvia golpeaba la ventana y las calles estaban vacías, una de las comunes pero impredecibles lluvias de fin del verano. Sentir como si estuviéramos mirando del lado equivocado del espejo, o algo así. Con todos sus demonios golpeabas las ventanas, lluvia, el techo parece caerse y la estructura de acero oxidado que sostiene los muros truena por el frío que trae el viento. Usaste cada una de las lágrimas que derramaste en mi nombre en mi contra. Usó, también, todos los sueños que nos dejamos olvidados en los tejados ajenos. Pero más que nada, usó la lluvia que ahora golpea esa ventana.

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