domingo, julio 31, 2011

Plagiando a Berenice

Cualquier parecido con Poe y su tal Berenice, es mera coincidencia.

Hay un extraño recipiente de vidrio en la mesa... Contiene un peculiar líquido amarillo verdoso, incluso tiene un cucharón, lo más raro es que una Pepsi esta rodando hasta mi lugar en éstos momento.

El tazón con el extraño y espeso líquido, tiene grumos, no creo que sea comestible... La Pepsi se ha pasado de largo por mi lugar y se ha escondido en la obscuridad de una habitación, la unica persona que se encuentra es mi hermano.

¡A la verga! Un grito ha despertado a los gatos en el pasillo...

Sólo era mi prima... vio algo rodar por la calle y le extrañó que se dirigiera hacia ella, grito por una razón que incluso ella desconoce... Pero mi hermano, no ha hecho ningún ruido... incluso las burbujas del tazón, que desprendían el desagradable hedor, han dejado de moverse.

Sonó un ligero golpe...

La Pepsi, ahora vacía, salía de la habitación sigilosamente...

Algunas frases entrecortadas se escuchaban confundiendose con un gemido al parecer humanoide.

Se rompió el silencio cuando mi prima paso al cuarto a preguntarle a mi hermano que había sucedido, quizás logro escuchar el origén del ligero golpe de hace algunos instantes...

La Pepsi se aleja, observando como de su peculiar figura, muy bien torneada, no aparto la vista.

La voz de mi prima tomó un tono quebradizo... Salió del cuarto cubriendose la boca con una expresión de asco.

La pepsi, que se alejaba a una velocidad considerable para lo que realmente es, va disminullendo sus giros hasta casi detenerse...

Susurrando, mi prima me hablo de un rostro desfigurado, sin mandibula... Que aun respiraba, de un corazón que aún latía, que aún vivía.

Pero demasiado tarde... la Pepsi, al parecer ahora vaciá, no estaba del todo "vaciá".

La pepsi se giro sobre si misma, señalandome...

Algunas herramientas de cirugía sobresalían de mi pantalón, no me quedó más que mirar el extraño cuchillo sobre mis manos durante unos eternos instantes.

Y la pepsi, dejó caer desde sus fauces, treinta y dos objetos blancos, tal cómo dientes...

Ahí ha muerto mi hermano.