lunes, septiembre 05, 2011

Memorias de algún tipo sin recuerdos (Capítulo 1)


Sólo porque es LUNES.
Bien, la cosa es sensilla, publicaré todos los lunes un capitulo de mi novela corta Memorias de algún tipo sin recuerdos, escrita hace dos años, remasterizada un poco, es chafa y exajerada, todo en honor a los lunes. Qué mierda escribía hace dos años.

El viaje a Casablanca

Había una vez, en un pueblo muy, pero muy lejano, lejanísimo, allá por donde Dios le pidió al Sol que saliera, donde da vuelta el aire y se escuchan los halcones mientras devoran una serpiente cornuda, en lo más profundo del desolado desierto de Marrakech, Tierra de Dios.

Existe un tipo llamado Ab´Dellatif Mustapha, él tiene el sueño de volar por los cielos y salir del infierno árido que es su hogar. Resulta que Ab´ es un tipo muy soñador y difícilmente se concentra en algo que no sea su propia imaginación, debido a esto lo despidieron de su trabajo como vendedor de camellos usados y empezó a caer en la pobreza. Empezó a mendigar por las calles, pedía unos cuantos centavos para poder viajar a Casablanca, la ciudad más poblada de marruecos, él bailaba dando pequeños saltitos y apenas moviendo el resto del cuerpo, la gente que pasaba se burlaba, pero lo soportaba para poder ganar dinero y cumplir su sueño.

Estuvo viviendo en una caja de cartón, en un callejón muy sucio, con él vivían unos perros con los que compartía su comida. La locura lo empezaba a dominar, cuando por fin consiguió el dinero para viajar a Casablanca, caminó, caminó y caminó hasta salir de Rabat, su ciudad natal, luego robó un camello de su antiguo empleo y fue sobre el animal el resto del camino.

Vagó durante días en el desierto, tres días y tres noches, caminó bajo el Sol ardiente del Sahara, su camello murió al segundo día, tenía sed y hambre y se le hacían eternos los días, las noches eran crueles y secas, un frío crudo que no deseó a nadie en el mundo, el tercer día amaneció pero parecía ser de noche, el viento soplaba y la arena volaba, ni siquiera se podría ver la mano persona alguna, reinaba la obscuridad, Ab´ se intentó refugiar en un pequeño oasis que encontró tratando de huir de la tormenta de arena, pero cuando se dio cuenta, la arena lo estaba enterrando vivo.
 
La mañana siguiente, un dromedario estaba tomando su almuerzo, pastaba lo poco de pasto seco que quedaba del oasis, al dar un gran bocado, confunde el maltratado cabello de el protagonista con pastura, nuestro Ab´ despierta de sobresalto por el estirón de cabello recibido y se desentierra con ayuda del dueño del dromedario, el nombre del hombre aquel es Hassan Yosef, Hassan tiene una pequeña posada en Casablanca a la que lleva a Ab´ para que duerma mientras se instala en la ciudad.

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